15 ago. 2014

La curiosidad de los malauíes



Vivo, más o menos, a 1.5 kilometros del centro (boma) de mi pueblo. Muchas veces camino hasta el centro, hago lo que tengo que hacer y vuelvo caminando a casa. A lo largo del camino me cruzo con muchas personas andando, en bicicleta o vendiendo sus productos (tomates, vegetales, frituras, ropa, etc). La mayoría me saluda al pasar porque aquí es muy común hacerlo. Algunos niños pequeños se emocionan, gritan “Azunguuuuu” y tratan de seguirme. No faltan los que hacen el intento de saludar en inglés y al siguiente segundo me piden dinero.  Pero lo más extraño para mi son las personas que se detienen específicamente a hablar conmigo y me someten a un interrogatorio digno de algún servicio de inteligencia!
Todo comienza amigablemente con un muy natural “Hola, cómo estás?”  y sigue asi:

Yo: Bien gracias, y tu?
X: Bien gracias. A dónde vas?
Yo: Ehhhh, al centro.
X: Para qué?
Yo: Para hacer mis cosas
X: Ah, y de dónde vienes?
Yo: De Peru
X: Ah, Peru, ya. Y vives aquí?
Yo: Si
X: Con quién?
Yo: Ehhh, con mi marido.
X: Y el que hace aquí?
Yo: Trabaja
X: Ah, y tienen hijos?
Yo: ……….

De este tipo de conversaciones al menos tengo dos al dia. Una de ida y una de vuelta. Durante los primeros días era peor, ahora como que la gente se ha acostumbrado a mi presencia.
Pero esto no solo pasa en mi pueblo. Hace poco, durante un viaje interno que hicimos, nuestro coche tuvo un problema y nos quedamos botados en el camino.  Mi marido se fue a buscar a un mecánico mientras yo me quedé cuidando el auto.  Creo que en los 40 minutos que tuve que esperar, hubo al menos 10 personas que vinieron a hablar conmigo. Incluso hubo gente que vino en bicicleta específicamente a hablarme. Todo comienza asi:

X: Hola
Yo: Hola
X: Tienes problemas con el auto! Sorry
Yo: Si, asi es la vida
X: Ah, y de donde eres?
Yo: De Peru
Y la conversación sigue la línea de la anterior... con las 10 personas que se detuvieron a conversar, una por una…

Eso no es todo. El sentido de comunidad aquí es tan estrecho que aparentemente todos saben los problemas de todo. Y no es una falta de respeto hacer preguntas muy personales cuando la curiosidad te pica.
Muchos desconocidos, al oír que llevo casada más de siete años, me preguntan por qué no tengo hijos. Otros quieren ver cómo es mi casa aquí en el pueblo. He oído historias de peleas conyugales de personas que apenas conozco. Si hablo de algo con alguien, no falta otro que cinco minutos más tarde me pregunta de qué se trató mi conversación. Si salgo de casa a media mañana, la señora que me ayuda con la limpieza demanda saber a dónde estoy yendo. Y si mi marido llega a casa para recoger algo al paso, la señora necesita saber qué fue lo que vino a recoger!


Esto es definitivamente algo muy diferente a lo experimentado en otras ciudades donde he vivido. En Lima, si un extraño te pregunta con quien vives, sales corriendo inmediatamente porque seguro es un ladrón que ya está marcando tu casa!


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